La Red para la Promoción e Incidencia en Alimentación Saludable (Red SANA) traza su ruta para incidencia alimentaria

Reunión Red Nacional para la Promoción e Incidencia en Alimentación Saludable

En Honduras, la discusión sobre alimentación saludable tiene que dejar de ser un tema secundario, especialmente al interconectarse con desnutrición, dietas de baja calidad y enfermedades no transmisibles. Con esa urgencia como telón de fondo, la Red SANA definió una ruta de incidencia que aterriza en decisiones concretas en entornos escolares y gobiernos locales, además de un posicionamiento sobre la nutrición como un componente crítico en salud, educación y otros sectores fundamentales.

La Fundación Red de Desarrollo Sostenible-Honduras (RDS-HN) lidera el Proyecto Co-ALSA: Coaliciones Latinoamericanas para la Incidencia en Alimentación Saludable, en consorcio con ECOSAD (Perú), el Instituto DEMOS (Guatemala), y con el apoyo técnico y financiero de Centro Internacional de Investigación para el Desarrollo (IDRC). Esta iniciativa busca identificar y fortalecer coaliciones y colectivos con capacidad de influir en políticas públicas de alimentación saludable, sistematizando aprendizajes y promoviendo conexiones estratégicas, con enfoque regional en Honduras, Guatemala y Perú.

Entre el 25 y el 27 de febrero, representantes de organizaciones, redes y entidades públicas que integran la Red Nacional para la Promoción e Incidencia en Alimentación Saludable (Red SANA) se reunieron en una agenda estratégica de trabajo. El propósito de esta jornada responde a una ruta común para impulsar decisiones públicas que respondan a desafíos en la región: desnutrición, patrones de alimentación no saludable y el incremento de enfermedades no transmisibles.

Daniela, ASONOG

Durante el primer día, las presentaciones abrieron una conversación que se fue construyendo a partir de escenas concretas, la oferta de ultra procesados contra alimentos saludables, el peso de la publicidad y la comparación entre el costo de preparar un alimento común como lo puede ser una sopa y la rapidez de lo instantáneo, que suele ser más accesible pero no saludable. Con esos ejemplos sobre la mesa, el grupo fue nombrando el marco que los conecta, el “entorno alimentario”, entendido como un conjunto de condiciones culturales, económicas y normativas que terminan orientando decisiones de todos los días, incluso cuando existe la intención de comer mejor. En la plenaria, uno de los participantes intervino y lo puso en términos de derecho y desigualdad, “La alimentación saludable pasa de ser un privilegio a un derecho. Porque soy pobre ¿No merezco alimentación saludable?”.

En el centro de la discusión se desarrolló una conclusión clave para la Red SANA, y es que “la incidencia en alimentación saludable no avanza solo por convicción, porque se mueve en un terreno donde pesan intereses; lo que marca la diferencia es la capacidad de una red para convertir esfuerzos dispersos en acción colectiva, acordar una agenda común que se traduzca en una ruta integrada y no fragmentada”. Estas reflexiones se conectan con experiencias de la región, mencionando que Guatemala, El Salvador y Perú comparten obstáculos similares, y que casos como Perú, Chile, Colombia, y otros países, ofrecen aprendizajes útiles para visualizar ventanas políticas y decisiones regulatorias trascendentales. Se insto en una regla que atraviesa cualquier intento de cambio, “llegar con evidencia y una narrativa consistente para sostener propuestas frente a quienes deciden y evitar que el esfuerzo se diluya en buenas intenciones”.

Mesa de trabajo: Ley de inclusión del nutricionista

De la jornada quedaron definidos tres frentes prioritarios de incidencia para la Red SANA. El primero enfocado en el entorno escolar, promoviendo una ruta vinculada a la normativa de venta de alimentos en centros educativos, con un pilotaje en Yoro en cinco centros educativos. El segundo frente se concentró en posicionar la nutrición como un componente crítico de políticas y servicios, por su impacto directo en resultados de áreas clave como salud, educación, entre otros. Y el tercer frente apunta al ámbito municipal, priorizando seguridad alimentaria y nutricional a nivel local, junto con la promoción de una articulación en SAN como espacio de coordinación y vocería territorial.

En un país donde la desnutrición y la mala alimentación conviven con el aumento de enfermedades no transmisibles, la incidencia no puede depender de esfuerzos aislados ni de mensajes dispersos. El valor de la Red está en su capacidad de articular actores diversos, sostener una voz común basada en evidencia y convertir esa articulación en decisiones públicas que promuevan alimentación saludable, especialmente en entornos donde se forman hábitos y se prestan servicios esenciales como la escuela, la atención en salud y la gestión municipal.

Carlos, ADEPES y Daniela, ASONOG

En adelante, el desafío será sostener esa coordinación en el tiempo y llevarla a interlocución directa con quienes toman decisiones, para que la alimentación saludable deje de ser un tema episódico y se instale como una prioridad pública con medidas concretas y seguimiento.

Red SANA
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